lunes, 24 de noviembre de 2014

Cláusulas contractuales para cualquier amor de segunda selección

Admito: no esperaba una respuesta, ni tener que reforzar mi linea argumental, pero si sirve para afianzar, armar y desarmar mis argumentos, celebro y aprovecho para compartir el fruto. Es raro, incluso para mí, estar pensado que soy un optimista. Sin embargo, el mote me caberá a la perfección si hablamos de que realmente espero que una mujer me haga sentir como la música me hace sentir. Se ha dicho que sólo basta ser, para enamorar, entonces ser bastará, y será “todo lo necesario”. Muchas veces menos es más y muy a mi pesar, la indiferencia hace su parte. No es que mis plazos sean cortos, ni que mis contratos vinculantes tengan fecha de caducidad, pero déjeme decirle que antes de entregarme en comodato, prefiero incluir alguna cláusula, que salve, al menos la dignidad o el cacho de amor que queda guardado bajo el sombrero. Ese vuelto, que tan amablemente nos acaricia; nadie vive ni de amores ni recuerdos prestados; y además, la experiencia viene de yapa. Hubo quienes renovaban sus votos maritales cada noche, pero sólo hasta la noche siguiente. Simplemente, porque ante la liviandad de ver sólo hasta mañana, les premia con apreciar en completo al otro, a no darlo por sentado, como asegurarse que esta ahí para siempre. Creí siempre que ese tipo de elección para toda la vida se puede dar solo de esta forma. Aunque me reconozco cuando me veo en el espejo: Yo casado con mis ideas, enamorado de la música y divorciado de las riquezas. Ya encontrado un amor para toda la vida, los riesgos se minimizan solos. Aunque acepto que mi relación con las Ideas y la Música es algo enfermiza, no voy a negarme a tal sufrimiento. Abogo por la sonrisa perpetua, los puntos suspensivos y la risa diaria. Preso como humano de un cerebro predictible, que busca saber a dónde va el pie antes de dar el paso; planteo siempre un bosquejo de mi vida, para que los dioses y el destino (yo en definitiva) pinte con los colores del mundo la vida que sea mas pintoresca. Las variables que no pueda controlar, harán de mi vida algo mas interesante, me darán problemas para no matar el tiempo. Por eso, sin embargo, no hago peticiones. Busco el no traicionar, avisando antes de la acometida, el desenlace final. Esto dará a pensar que soy predecible, pero espero que su perspicacia le permita dudar de ese hecho, y en esto como en el resto: tome sus chances. No exento de contradicciones, doy le a elegir entre la alergia o no alergia, como la alegría y no alegría, pero lo que prometo, es algo que estoy dispuesto a cumplir. También prometo que no todo será placentero, seguro que eso también está en la letra chiquita, en algún lado del contrato con el diablo. No veo la elección única como libertad. Libertad también es elegir esto y lo otro. O ninguno. Pretendo equivocarme mucho, tanto, como sea necesario, incluyendo estas lineas. Le agradezco haya posado su vista y atención sobre este texto sin muchas luces, casi un discurso defensivo quizás, pero fiel reflejo de mi estado de conciencia.

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