jueves, 18 de diciembre de 2014

Aduanera

Al mundo le faltaba actitud y apareció ella con el impetud de mil abejas, y casi al trotecito, meciendo ese crucifijo entre las tetas. Tan raro fetiche, para ella que es tan única. Tranquilamente podría ser todo: único; pero en ella, presiento que lo único es invisible a los ojos.
La figura de afrodita, y el léxico de un camionero.
Parece el tipo de mujer en cuyas manos uno puede dejar el vago embarazo de una idea, para volverla a buscar al tiempo, crecida y con barbas. Es que ella te sacudiría el polvo de los ojos, con una sonrisa.
Me miró, selló mi pasaporte, y dijo
-que pase el que sigue-
De repente recordé el deseo, y estoy seguro que sabe mi nombre; y eso no cambia nada. Ella con su rutina y yo con mi anti-rutina.
Quisiera invitarle un café, aunque presiento que va a ser corto. La aduanera, tan malota, tan distante detrás de todo ese soporte físico: vidrio, mostrador; como si no bastara los anteojos para esconder esos ojos negros. Sera que no la conozco que me gusta tanto. Cuanto me gustaría sacarme la duda.

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