jueves, 18 de diciembre de 2014

Medidas poco convencionales

Voy a medirte de otra forma, voy a pensarte un poco,  aprovechando que estás a un café de distancia. Te encuentro entre 100 o 200 instantes de mañanas perfectas, mientras el café con crema me tira ese recuerdo de los caramelos del cine; voy a medir en besos tuyos la distancia hasta Galvez, Santa Fe, son como 3 mil. Pero digo por calcular, porque cuando contaba perdí la cuenta y volví a empezar. Varias veces.

Voy a hacer caminar mis dedos hasta tus dedos, que deseo tanto que estén sobre la mesa. Y voy a buscar tu mano de reflejo, casi por instinto. Y voy a medir tu regreso, con minutos mortales, con segundos infernales que me compungieron con tu ausencia, y cuando vuelvas,  vas a encontrarme entre tus brazos y tu pecho, con el corazón hecho un potro salvaje. Voy a medir los besos con la lengua, con el sol que desprenden tus ojos, que me nutre de amor, de calor, de alegría. Voy a medirte con la música de tus labios. Con la regla de mis dedos, ya  aprendí a cuanto esta tu ombligo del paraíso. Y es para mí el camino de los besos.
Válgame, el café ya expiró.  Y yo que no puedo medir la distancia ahora, porque te extraño. Y por que estoy falto de tacto. Y al mundo le falta convenciones para medir, lo que siento y lo que se siente. Quizás lo mida con dos dedos de frente.

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