jueves, 18 de diciembre de 2014

Memoria Selectiva.

Todavía me acuerdo de su perfume. Me acuerdo perfectamente de cada detalle de ese cumpleaños que esperaba ilusamente pasar desapercibido después de llevar el ramo de rosas mas grande que pude cargar. Eran rosas escarlata, y me hubiera encantado ir hasta el campo a elegirlas yo mismo, pero, me acuerdo la ansiedad me ganaba. Iba a conocer a sus viejos, su familia, todos ahí y yo, que no sabia que carajo iba a pasar. 
Me acuerdo de la frase estúpida que escribí con mucho cariño en la pequeña hoja de papel que se parece a las tarjetas personales: Si me quedo sin palabras, que estas rosas hablen por mi. Lo que realmente debía decir es: si ves que me quedo callado, es porque sucumbí a la presión social del momento.
Me acuerdo exactamente de esa cicatriz cerca de su boca. Adoro esa cicatriz, y me acuerdo con lujos de detalle la historia de como paso. Le imagine tantas veces que creo que hasta viví el momento, un día que la extrañaba mucho.
Es vivido el recuerdo de su mano, así como el resto de su cuerpo desnudo. Vivido el recuerdo de esos besos inmortales, y esa envidia que causábamos, esos “mucho queso para ese salame”, esos “viva la ley del embudo”al vernos pasar, y otros tantos “apriete que no se abolla”, “chicos, esto es la via publica”, por no dejar afuera esos “bueno... soltandoooo” de su mamá.
Era tan lindo como los domingos de fiaca en la hamaca paraguaya; me acuerdo tanto, que puedo cerrar los ojos y verle ahí. Con su hermoso cabello lleno de ondas y colgando haciendo las delicias de mi gato.
¡Me acuerdo! si, de cuando anidaba en mi pecho, y me miraba con esos ojos miel y amor, a veces mas verdes, a veces mas grises, y se pasaba el tiempo en silenciosa compañía, o en ruidoso y convulsionado tumulto de telas y seres que aman.
No me olvido de su silueta, esta ahí en la luna cada vez que la veo. Me acuerdo de sus frases, de su risa, de su chispa,¡ de todo me acuerdo!, y cambiaría todo este compendio de recuerdos, quizás, por un ratito mas de ella.
Un poquito mas, unos 5 minutos, para convencerla de que se quede para siempre, mientras preparo el mate.
Me acuerdo de que prometí no volverla a ver...y acá estoy viéndola todos los días en mi cabeza, acordándome de ella. Es que me olvido de olvidarla, ¡de eso me olvido! y por eso mismo, dicen que tengo memoria selectiva.

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