jueves, 18 de diciembre de 2014

Salabardo

Salabardo duerme en un sofá de un amigo, por estos días. Amaga que va a conseguir laburo, pero nadie espera realmente eso de el. Se estira para alcanzar el control remoto, y se vuelve a quedar ahí, quieto. Reflexivo. Extraña todo, me imagino, pero lo observo. Busca algo para distraerse de esa soledad que lo acaba por amasar en el sofá, con frazada y todo.
Salabardo tiene 22. No conoce ni la opera de Paris, ni Monmartre, ni tiene ganas de explorar Villa Crespo con la rubia esa, que lo tenia contento. Se asusto de algo, quien sabe que problemas cargaba la chica.
cuando le pregunto:
- un .38, boludo, y dos hijos- contesto sonriente.
Sala, de la mochila hippie y sus ojos de vidriosa ebriedad salen el viernes, a caminar cansinamente San Telmo. Buscara una hippa, una loca, como dice el, que le desenrede un poco los dreadlocks, le diga que todo va a estar bien y que le abrace sabroso. Que le saque la embichadera, le ponga salsa de soja a su chop suey y le parta los palillos chinos.
Sala no quiere nada. Así con poco la pasa divino, porque anda de arte, eso de vivir sin preocuparse.

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