jueves, 18 de diciembre de 2014

Siete Reinas Vengativas

Siete reinas tiradas de una cama. Siete ex-princesas, hoy recuerdos marchitos de otras épocas sin líneas ni violencia, desparramadas como en el Güernica sobre una cama; rosa, de amplios almohadones. 
Cada reina, cargando consigo su crucifijo de merca y su sostén tan papelero. Reinas yonquis del mundo real, casi humanas, casi inhumanas. Casi vestidas, o casi desnudas, ahora marchan a mi lado. Y bailan.
Me desconocen en un giro, desconfían en un suspiro, me miran hasta con hastío, y me tiran rayos desde los ojos rotos, casi partidos. Son siete reinas, todas lindas. Son siete reinas todas perdidas, naufragando amores a mares, nadando ríos de pena, buceando lagunas de deseo, y arribando a costas de soledad casi perennes, y despojadas de sinceridad, amalgamadas con paciencia fugaz y líos de historieta, para atraer a jovatos, rockers inmortales, drugos espaciales y gauchos de arrabal, muchachas de metal y algún que otro blues moderno. Para describirlas faltarían cuadernos, porque las reinas son todas déspotas; y hoy apuntaron contra ella, portadora del fuego, Mi Afrodita, que las puso en desafuero, y se sintieron marchitas. Siete reinas descalzas, ahora dirigen la dicha, y se aseguran que ella, no vuelva a la cita. La retan a la reina que invito a esa maldita, y le reprochan como a podido arruinar todo.
Todo vuelve a la normalidad, al ser el espejo consultado, no hay nadie más bello a su lado, señor de las siete reinas, dicen las reinas, la harpía ha volado.
Solo queda el relator, pero siempre acompañado, quedan siete reinas vengativas, esperando a dar el zarpazo y solo esta el relator, sabiendo de su fracaso.

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