lunes, 24 de noviembre de 2014

Araceli duerme desnuda

Araceli duerme desnuda, y se da el lujo de darme la espalda. Duerme con un brazo bajo la almohada, como si fuera a sacar un .38. Esta cargado, esta cargado el habiente de pliegos, planes o mapas o cosas de las que no hablo con nadie excepto con ella, pero justo ahora me da la espalda! Me mortifica el hecho de que se quiera ir conmigo a Timbuctu, a contar estrellas, porque yo también quiero, pero no sé a qué puede llevarme todo eso. Y qué se yo de ella? que duerme desnuda. Que escribe canciones en los bordes de sus hojas rayadas, y le encantan las frutillas con crema batida, sin azúcar, será por dulce? Porque será que me partió así la cabeza? Que derecho, que derecho tiene a ponerme tan en off side.  Es que si me hablan de amor me espanto, y tiro un vade retro. Pero Araceli duerme, y yo que estoy comiéndome la cabeza, y ella después de ese polvazo, como si nada, como me puede dejar así, tan solo. a su lado pero tan solo. Pienso en hacerle cucharita. Me acerco.  Araceli duerme desnuda. y ahora patea un poco las frazadas y deja la cola al aire, y su espalda que transpira me moja el pecho, me inunda de su perfume, que no es perfume, es ella. Es que me sacó la frazada y ahora va a tirarla al piso. Me empiezo a quedar dormido. Cuando me despierto, ella hizo el desayuno, y me tuvo de postre. Pastelito de la mañana. Me deja un souvenir en la espalda o mas bien 8.  Marcas de guerra dice ella, pero yo sé que de amor las hace. Me pregunta por qué estoy tan cansado, que si no dormí bien anoche. Me guardo para mí los reproches por haberme cagado de frío por atrás y transpirado por adelante.
Le doy un beso, y ella sigue desnuda, con ese halo de perfección coronando todo el espacio.
Araceli, no dice buen día. tampoco dice buenas noches. No dice adiós. Todavía. Se queda hasta el mediodia en cama, y yo con ella, que podría estar toda la vida. Llegan las 15, seguimos amando, llegan las 20, nos fuimos despidiendo, fueron las 22 y nos seguimos despidiendo, y ahora son las 2, y yo sigo acá, desde la computadora de Araceli, que otra vez duerme desnuda, y si tiembla sabe que estoy para abrigarle.

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