La volví a ver. Estaba ahí, tan cerca. La saludé, hablé con ella, pero
ya no era igual. Ella probablemente ya no era igual. Yo tampoco. Un raro
sentimiento de culpa me invadió, por momentos, en otros me sentí fuera
de lugar. Quizás la culpa de no haber llegado a ser el hombre que ella
esperaba de mí, o quizás el hombre que ella veía en mí. Quizás la culpa
por mis yerros, tan constantes y tan míos.
En otro momento, la pude
ver moviéndose, y me sentí tan atraído. El balanceo de sus caderas, y
todo el bagaje mental, salieron a sopapearme de erotismo. Deseche la
idea de inmediato. La había amado, probablemente sea por amor que no
quiero poseerla, no quiero intimar con ella, estoy seguro de que sería
insuficiente. Y no sería digno de ella, ni de mí. Pero no podía evitar
pensar en su piel que es tan suave, y llena de pecas, su sonrisa, su
pelo que siempre huele al cielo, la suavidad de sus dedos finos, era
todo. Todo ella era la misma mujer y a la vez diferente. Yo sabía que
aunque ahora pudiera amarla, seria la extrapolación del ayer, a un
futuro con pinta de callejón sin salida. Mientras la música sonaba, yo
pensaba, me escapaba un poco de la situación, pero la atracción era más
fuerte. Tuve que hablar, y calle. o tuve que callar y hable. El hecho es
que nada de lo que dije hizo nada de beneficioso. Ella no me odia, ella
no me ama. Simplemente, soy el EX.
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