El otro día me encontré con una carta escrita a puño, dentro de un libro
de Sartré, comprado en una feria de libros usados. Transcribo: Hijo:
Una vez hablamos de ideología y de los ídolos. Quiero contarte acá lo
que no te pude contar en palabras. Sabíamos de la tormenta que se venía
cuando nos fuimos de la plaza, después que nos llamó imberbes. No
reconocíamos al líder que habíamos visto antes. Pero era público y
notorio que ese hombre sólo era ESE hombre con una mujer como Eva al
lado. Peron, nos usó y nos descartó. Prefirió a los gorilas y la
burocracia sindical, al pueblo que sangró y lloró por su regreso.
Sabíamos lo que iba a pasar. En el 87 naciste vos. Ya habíamos vuelto
hacia 5 años, oficialmente estuve en México, pero vos sabés que viví en
Cuba. Yo te vi unos días, entre el 14 y el 20 de mayo. Argentina venia
embobada por las jugadas del Diego en el '86, y parecía el momento de
actuar. El plan lo armó el Funebrero, único sobreviviente por milagro de
una razzia en Alta Gracia, Córdoba. Tenia cáncer, le quedaba poco y se
quería llevar su venganza; el Doctor, un estudiante autodidacta de
medicina, que vivió prácticamente desde el 76 hasta el 81 en un sótano,
escondido, por ser miembro de la FUBA, para tratar de no volverse loco,
estudió medicina, estudió abogacía, estudió de todo, y se volvió un poco
loco igual. Por último, el hombre que más de una vez me salvó la vida,
compañero de la escuela técnica y de la vida, tu tío Lorenzo, que los
conocía a los dos, y me quería a mí como piloto de escape y mecánico.
Esos éramos todos. Todo estaba planeado para que fuera el 9 de junio,
pero una tormenta terrible estaba anunciada al otro día. Ese era el
momento perfecto. Llegamos en el Torino de Lorenzo a las afueras del
cementerio y bajo el Funebrero y el Doctor. Lorenzo se vino adelante, el
Doctor, de bata blanca y maletín lleno de herramientas de corte, y un
pequeño piloto abierto, el estetoscopio colgando, realmente parecía un
loco. El funebrero, se puso un sombrero de paja,y se prendió su cigarro
armado y se perdieron entre las criptas. Estacioné dentro de los
talleres de trenes de Chacarita. Ahí me subí al fiat 600 que estaba
estacionado justo al lado. Con las llaves adentro, justo como dijo el
Funebrero. Manejé hasta la entrada al depósito, no la principal. Llueve y
no hay nadie afuera. paso con las luces apagadas, el ruido de la lluvia
y el trueno no deja oír nada. El fiat es tan pequeño que pasa entre los
mausoleos y criptas como si nada. Lorenzo al bajar conecta un cable a
la batería y pide que no pare el motor. Corre y se pierde entre la
lluvia densa. Luego un rato me llama, el funebrero esta muy cansado, y
no puede seguir con la maza, partiendo el vidrio blindado. Le abrieron
un hueco con un taladro al centro para debilitarlo.(...) Continuará...
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