Me encantan. Hay algo en los juguetes rotos, que los hace especiales,
sino, serian el típico caso de un juguete inmaculado, sin historia, sin
pasado... quizás. El roto no. Dueño de una vida, de una historia propia
con su dueño. Cada vez que veo uno, me tiento, me imagino, como ese
muñeco perdió la pierna. Como ese auto, que esta sin una rueda, esta
esperando que venga el auxilio mecánico y nunca llega.
Ningún
juguete inmaculado sera jamas comparable con el soldadito roto de plomo.
Nadie es mas heroico que un Quijote sin lanza que aun lucha
romanticamente, sin Sancho, sin perro quien le ladre, pero en pose. Los
juguetes rotos, te pueden ensenar que, aunque los quieran dejar en el
fondo del cajón, o la bolsa, tienen charm, magia, nostalgia, todo eso,
entonces ahí ves que los valores, están en la cabeza.
Cambian de
forma, cambian de estilo y al final, como vos, cambiaron completamente.
Tal vez no te reconozcas en esas cosas viejas que están guardadas en una
caja en un ropero para no ser buscadas. Por el contrario. No es
necesario que pase. Pero... si te da el placer de acordarte de que te
divertiste, que jugaste con el, y sobre todo, que ahora, a través de los
años, no lo pudiste tirar. Esta roto. Tu vieja te dijo mil veces, tira
esa basura. La miras con cierto desagrado, agarrándolo fuerte, pensando:
Que sabe ella, de las historias que hemos vivido.
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