lunes, 24 de noviembre de 2014
Mi Fata Morgana
Se cuenta que en siglo X /XI, un monje Irlandés relató su viaje en el
Mar del Norte, en búsqueda del paraíso terrenal. Una mañana al
levantarse, pudo observar una Isla emerger desde su punto de vigía,
sobre mas de 120° de horizonte, desde el mismo mar, y por sus cálculos,
le daba no menos de 500km de longitud con arboles y vida. Muchos de
siglos después, entre Calabria y Sicilia, en el estrecho de Messina,
comentaban que ciertos días de invierno, y solo muy por la mañana, se
levantaba sobre el Estrecho, un puente de roca el cual sólo podía
atravesarse, según la leyenda, de espaldas. Este tipo de espejismo, o
espejismo superior, es llamado Fata Morgana, el "hada Morgana", en
referencia a la hermana del Rey Arturo. El amor que ella sentía por mí,
viene justamente a ocupar el tercer lugar, en este escalafón de
espejismos. Puedo entender al monje, que al igual que yo, vio luego de
estar rodeado de agua que una estructura se alzaba sobre ella. Yo vi
alzarse una mujer donde había una amiga. Creó un ambiente, lleno de
vida, música; y alegría, que es la vida y la música juntas. Esa suntuosa
mezcla de Terpsicore, Erato, Euterpe y ese toque final de Talia. Ni
santa Cecilia, ni San Antonio pudieron confabularse tan
maravillosamente. Ello creció, a niveles inimaginables, a proporciones
bíblicas menores; sin embargo, se ubica el tercer espejismo en la lista,
por el tiempo que duró. Mientras duró, me acompaño a todos lados. Se
desvaneció luego de unos meses. Imagino que el monje también me
entendería, pero debí haber aprendido la lección que enseñaban los
pastores: la única forma que el espejismo dure para siempre es caminar
hacia él de espaldas. El espejismo me había dejado ciego, y ciego de
amor, aún pedía dejar de pensar:Mi Fata morgana, Mi fata morgana...
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