lunes, 24 de noviembre de 2014

Su Voyeur

Suavemente cerró la puerta. Se quitó los zapatos y caminó hacia el living, casi en puntas de pie. Cuando creyó estar sola, se sentó en su sillón y dejo caer sus zapatos a un costado, buscó un porro de entre sus puchos, y se dispuso a prenderlo, mientras con una mano desabrochaba uno a uno, los botones de su blusa. Su blusa, en contraste con su piel y la tenue luz lunar que se colaba por entre las cortinas desde el cielo, hizo que el perdiera la noción del tiempo. Como un voyeur, la observaba desde el otro lado de la habitación; y mientras fumaba un cigarro casi consumido tres cuartos, asquerosamente revoleaba un vaso con hielo y malta escocesa. Ella no se percató de su presencia, siguió lentamente, hasta dejar al descubierto lo que para el fue él mas maravilloso de los sostenes. Detrás de ellos, la gloria. De repente ella estaba ahí, recostada entre los mullidos almohadones del sofá. Por momentos, el ruido del hielo chocando contra el vidrio le daba a ella la sensación de no estar sola; sin embargo, el ruido era cubierto la mayoría del tiempo por el incesante tráfico del mundo allá afuera. Sin lugar a dudas, adentro la atmósfera era otra… él podía ver en su cuerpo el resplandor único del sudor, y no pudo sentir el increíblemente dulce olor de su cuerpo. Calma como una gacela, se acaricio sus piernas, y disfruto de la suavidad, quizás pensando en caricias recibidas; fue quizás el fugaz recuerdo de un beso, lo que por un momento la estremeció. El permaneció quieto. Tomo una bocanada de aire y se quedó, quieto, en el mismo lugar.

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