lunes, 24 de noviembre de 2014

Homo Revolucionaris

A veces pienso en la revolución. ¿Cada revolucionario habrá sentido lo mismo? Cuando era el momento de actuar, ¿sintió que los pájaros cantaban distinto? ¿Que el sol brillaba más fuerte? Yo creo que sí. Yo creo que sintieron su estomago crujir sin hambre, o con él, se estremecieron mientras empuñaban un asta con una bandera o un palo con un trapo o un arma o un sueño. Se exacerbaron al oír las mentiras y acabaron por gritar “No más”. La revolución a veces llega con un calor exagerado, otras, del tamaño de una bala. Existen revoluciones de un solo hombre, pero no existe hombre sin revolución, este no existe sin el cuestionamiento a lo establecido. Revolución es el nombre de la fibra que mueve el juego de la evolución del Homo Sapiens, al Homo Revolucionaris.



Caos, y del caos orden, y del orden al caos, se sucede una tras otra tras otra y otra mas, revoluciones, que aspiramos a concretar, con sus héroes, sus villanos, con sus traidores y sus tretas. Pero no ha de olvidar la mano que si escribe es porque no perece. Y las revoluciones mueren con los hombres, y nacen con los hombres, a veces nacen de la injusticia, nacen del hartazgo. Sera revolución, hasta que lo nuevo haya devorado lo viejo, hasta que cada pieza, encuentre
su lugar en el nuevo orden, el orden de la revolución. Luego pasará, a la  cotidianeidad de ser la realidad: la revolución; y por eso es quizás que alguien alguna vez llamó a la revolución permanente. Alguien que se enamoró de la revolución y se casó con ella, y vivi+o con ella hasta el último día.



Vive para revolucionar, revoluciona, evoluciona, y vuelve a revolucionar. Dejar de una u otra forma la revolución es morir, quizás espiritualmente, o quizás, físicamente. Habrá pensado esto San Martin, o Moreno, o Belgrano. Batió en su pecho el corazón como late hoy el mío. Habrán sentido la urgencia, la inmediatez del cambio, ¿creyeron a ciegas de un triunfo?, o ¿se abalanzaron a la muerte como en una epopeya griega?

Esa fortaleza del espíritu, esa seguridad de que algo mejor va a venir, si luchamos por ello. La revolución empieza por adentro, te agarra despacito y cuando te diste cuenta, cambio todo. Los pájaros se oyen distinto, el aire parece distinto, el sol brilla más fuerte. Cruje tu estomago, y se retuercen las entrañas, y te sentís vivo, vivo como nunca. Eso es la revolución.

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