A
veces pienso en la revolución. ¿Cada revolucionario habrá sentido lo
mismo? Cuando era el momento de actuar, ¿sintió que los pájaros cantaban
distinto? ¿Que el sol brillaba más fuerte? Yo creo que sí. Yo creo que
sintieron su estomago crujir sin hambre, o con él, se estremecieron
mientras empuñaban un asta con una bandera o un palo con un trapo o un
arma o un sueño. Se exacerbaron al oír las mentiras y acabaron por
gritar “No más”. La revolución a veces llega con un calor exagerado,
otras, del tamaño de una bala. Existen revoluciones de un solo hombre,
pero no existe hombre sin revolución, este no existe sin el
cuestionamiento a lo establecido. Revolución es el nombre de la fibra
que mueve el juego de la evolución del Homo Sapiens, al Homo
Revolucionaris.
Caos,
y del caos orden, y del orden al caos, se sucede una tras otra tras
otra y otra mas, revoluciones, que aspiramos a concretar, con sus
héroes, sus villanos, con sus traidores y sus tretas. Pero no ha de
olvidar la mano que si escribe es porque no perece. Y las revoluciones
mueren con los hombres, y nacen con los hombres, a veces nacen de la
injusticia, nacen del hartazgo. Sera revolución, hasta que lo nuevo haya
devorado lo viejo, hasta que cada pieza, encuentre
su lugar en el nuevo orden, el orden de la revolución. Luego pasará, a la cotidianeidad de ser la realidad: la revolución; y por eso es quizás que alguien alguna vez llamó a la revolución permanente. Alguien que se enamoró de la revolución y se casó con ella, y vivi+o con ella hasta el último día.
su lugar en el nuevo orden, el orden de la revolución. Luego pasará, a la cotidianeidad de ser la realidad: la revolución; y por eso es quizás que alguien alguna vez llamó a la revolución permanente. Alguien que se enamoró de la revolución y se casó con ella, y vivi+o con ella hasta el último día.
Vive
para revolucionar, revoluciona, evoluciona, y vuelve a revolucionar.
Dejar de una u otra forma la revolución es morir, quizás
espiritualmente, o quizás, físicamente. Habrá pensado esto San Martin, o
Moreno, o Belgrano. Batió en su pecho el corazón como late hoy el mío.
Habrán sentido la urgencia, la inmediatez del cambio, ¿creyeron a ciegas
de un triunfo?, o ¿se abalanzaron a la muerte como en una epopeya
griega?
Esa fortaleza del espíritu, esa seguridad de que algo mejor va a venir, si luchamos por ello. La revolución empieza por adentro, te agarra despacito y cuando te diste cuenta, cambio todo. Los pájaros se oyen distinto, el aire parece distinto, el sol brilla más fuerte. Cruje tu estomago, y se retuercen las entrañas, y te sentís vivo, vivo como nunca. Eso es la revolución.
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