Los pasos
son simples, pero están bien cubiertos. Primero viene la fase del miedo.
El miedo es algunas veces, sino la mayoría, el arma más poderosa. ¿Por
qué? Porque el miedo es invisible. Entonces van en contra de los nexos
externos. Tus vecinos, la gente que no conoces, esos empiezan a dejar de
ser vecinos o gente, para volverse sospechosos. ¿Sospechosos de qué?
¡Elegí vos! ¿a qué le tenes miedo? Ellos te van a introducir el miedo
por tv entre las 7 y las 9 de la noche, antes de que te relajen con
alguna ficción. Es para hacerte sentir bien, para que te sientas a
gusto, y no te olvides de que todo funciona y es solo la gente mala la
que hace malo este mundo. Lentamente, te llevan al odio. Si no te llevan
al odio, primero pasas por la indiferencia, y lentamente, te hunden en
un ostracismo. Entonces ya desconfiás de tu vecino, del tipo que pasa
con pinta de poca plata, el tipo que ofrece medias en la calle, y el
muchacho que duerme en la calle. Así, el miedo te lleva a más
ignorancia, y ambivalente ignorancia: porque tanto ignorar al otro lleva
a ignorar su vida y a ignorar cuanto en común tienen. El otro es
deshumanizado. Ahí viene la seguridad nacional. Ahí van a decir que
ellos son tu salvación. Van a decir que la policía y los prefectos, la
gendarmería y la Policía Federal son tu salvación. Y que la solución es
mano dura, y hasta van a esperar que les des las gracias. Te van a
vigilar, pero con tu aceptación implícita. Van a poner cámaras, primero
fue en los edificios privados, ahora, en los públicos y las calles. Pero
te van a espiar, van a ver que estés tranquilo, consumiendo. Te van a
tratar de apagar la parte crítica, y consecuentemente dirás gracias.
Pero ya no será tu culpa, o sí. Quizás rechazaste la oportunidad de
conocer a tu vecino, en vez de desconfiar de él. Quizás no te tomaste el
tiempo para hablar con el tipo que duerme entre cartones, o no te diste
el gusto de hablar de filosofía con cualquier otro ser humano, sin
importar más que su condición de humano. Pero te vendieron esto desde
hace mucho. Ya lo compraste, lo consumiste y quisiste más. Lentamente, o
quizás no tanto, los miedos comienzan a multiplicarse, y ya no podes
confiar ni en el agua de la canilla. Te ahogas en más consumo o en algún
escape y solo pocos que ven las cosas como son, son considerados
rebeldes, traidores, o locos. Pero ellos ya te vigilan, ya saben quien
sos, quien te acompaña y los miedos que pueden hacerte temblar las
rodillas. La formación religiosa ayuda siempre a este dogma. Con el
infierno, con los pecados, que les lleva a vivir culpables de ser
felices. Y ellos infunden con ese discurso, la doctrina del miedo. Cuan
lejos esta la visión de 1984. Somos el preludio, quizás. Por otro lado,
sera por la lucha de hombres como Snowden, o Manning, que parte de la
sociedad despierte y multiplique el mensaje, y también será la
oportunidad para que el resto siga consumiendo sin mirar para el
costado, y se sientan seguros, con sus paredes y policías.
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