lunes, 24 de noviembre de 2014

Doctrina del miedo y seguridad nacional

Los pasos son simples, pero están bien cubiertos. Primero viene la fase del miedo. El miedo es algunas veces, sino la mayoría, el arma más poderosa. ¿Por qué? Porque el miedo es invisible. Entonces van en contra de los nexos externos. Tus vecinos, la gente que no conoces, esos empiezan a dejar de ser vecinos o gente, para volverse sospechosos. ¿Sospechosos de qué? ¡Elegí vos! ¿a qué le tenes miedo? Ellos te van a introducir el miedo por tv entre las 7 y las 9 de la noche, antes de que te relajen con alguna ficción. Es para hacerte sentir bien, para que te sientas a gusto, y no te olvides de que todo funciona y es solo la gente mala la que hace malo este mundo. Lentamente, te llevan al odio. Si no te llevan al odio, primero pasas por la indiferencia, y lentamente, te hunden en un ostracismo. Entonces ya desconfiás de tu vecino, del tipo que pasa con pinta de poca plata, el tipo que ofrece medias en la calle, y el muchacho que duerme en la calle. Así, el miedo te lleva a más ignorancia, y ambivalente ignorancia: porque tanto ignorar al otro lleva a ignorar su vida y a ignorar cuanto en común tienen. El otro es deshumanizado. Ahí viene la seguridad nacional. Ahí van a decir que ellos son tu salvación. Van a decir que la policía y los prefectos, la gendarmería y la Policía Federal son tu salvación. Y que la solución es mano dura, y hasta van a esperar que les des las gracias. Te van a vigilar, pero con tu aceptación implícita. Van a poner cámaras, primero fue en los edificios privados, ahora, en los públicos y las calles. Pero te van a espiar, van a ver que estés tranquilo, consumiendo. Te van a tratar de apagar la parte crítica, y consecuentemente dirás gracias. Pero ya no será tu culpa, o sí. Quizás rechazaste la oportunidad de conocer a tu vecino, en vez de desconfiar de él. Quizás no te tomaste el tiempo para hablar con el tipo que duerme entre cartones, o no te diste el gusto de hablar de filosofía con cualquier otro ser humano, sin importar más que su condición de humano. Pero te vendieron esto desde hace mucho. Ya lo compraste, lo consumiste y quisiste más. Lentamente, o quizás no tanto, los miedos comienzan a multiplicarse, y ya no podes confiar ni en el agua de la canilla. Te ahogas en más consumo o en algún escape y solo pocos que ven las cosas como son, son considerados rebeldes, traidores, o locos. Pero ellos ya te vigilan, ya saben quien sos, quien te acompaña y los miedos que pueden hacerte temblar las rodillas. La formación religiosa ayuda siempre a este dogma. Con el infierno, con los pecados, que les lleva a vivir culpables de ser felices. Y ellos infunden con ese discurso, la doctrina del miedo. Cuan lejos esta la visión de 1984. Somos el preludio, quizás. Por otro lado, sera por la lucha de hombres como Snowden, o Manning, que parte de la sociedad despierte y multiplique el mensaje, y también será la oportunidad para que el resto siga consumiendo sin mirar para el costado, y se sientan seguros, con sus paredes y policías.

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