viernes, 19 de diciembre de 2014

Conociendo al Conde de Valferno.

Conocí al Conde Valferno de casualidad. Creo que alguien nos presento en una fiesta en Boston, no no no, eso fue antes, estoy mezclando todo... todo empieza en la segunda década del siglo XX. Yo viaje justo para la época que Gato y Mancha, habían llegado a Nueva York.
Yo estaba en Nueva York hacia meses. me vine como comisionado de Moda para los Heredia Ugarte, pura aristocracia argentina.
Yo vine a enviar matrices de moda para la modista de la hija de los Heredia Ugarte, y por mis habilidades con la palabra, escrita y hablada, me llevo la vida terminar escribiendo pequeñas cronicas para un periodico latino. Enviaba pequeños telegramas con las ultimas noticias a una radio de Bs As.
Todo iba bien hasta que me detuvieron dos veces ebrio. La segunda me cagaron a palos. Era momento de cambiar de aire y me fui Los Angeles.
California estaba en pleno auge, conseguí trabajo en la industria del cine. Y fue así que me metí a las fiestas mas fastuosas e impresionantes que vi en mi vida.  Me permití captar para mi mismo un mundo de personajes que escondía la noche como leones en la sabana africana.
Pero ninguno, absolutamente ninguno se compara con Valferno.
El conde Valferno era Argentino. Fino, refinado, hablaba francés e ingles fluido. Recitaba poesía y salia con una rubia divina, cuyo nombre escapa a mi memoria, como se me escapo ella a las manos de Valferno.
Tenia 80. Estaba hecho mierda. Pero todavía le gustaba jugar. Yo lo conocí porque venia en un auto detrás del suyo, y al estacionar frenó de golpe, lo que causo que yo reaccionara como reacciona cualquier argentino, a las puteadas.
Mas tarde esa noche, jugamos billar con Ives y ahi fue que  se lleva la rubia que estaba conmigo.
Tenia mucha plata en verdad, Todos lo conocían por su gusto refinado, sus regalos y su constante derroche de dinero en juerga y placeres. Era como Gastby, pero no era timido,  Valferno no. Era un seductor nato.
No habia forma de que alguien pudiera levantar la voz cuando el estaba hablando. La cadencia de su hablar, con elegancia robada a los ingleses y finesse al estilo frances, Apestaba a cultura y naipes viejos. A tabaco y licores finos.
Le jugué un billar a un secreto. Si el ganaba,le contaba que había hecho antes de llegar a California, y yo pensaba ganarle, y preguntarle el origen de su fortuna.
Gano el. Le conté lo que te conté a vos ahora-de paso doy por respondida la pregunta  para que me estas contando esto?-.
Le intereso tanto el hecho que haya sido periodista que nos hicimos buenos conocidos

Me dejo en su testamento, como un año y medio despues de haberlo conocido, un cuaderno con sus memorias. Gran sorpresa, cuando descubri el tesoro que se guardaba en ese cuaderno.

Datos, nombres, fechas, todo. Y el cuaderno centrado en un solo episodio.
Paris, 1911, Museo del Louvre, el hecho, conocido por todos, a nivel mundial.

El robo de la obra maestra de Leonardo Da Vinci,  La Giocconda.

Me dejo una notita en la pagina final que dice: tambien, te hice trampa en el billar.

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