jueves, 18 de diciembre de 2014

La Maquina de hacer Nubes

En uno de mis viajes a Laos y China, me encontré con un grupo de científicos en un atolón, casi de casualidad. El bote, un reluciente velero de 18 metros de eslora, 2 velas,  un capitán y único marinero. Yo, el marinero, mi gato, el Capitán, habíamos pasado la tormenta más dura del Pacifico. El capitán no había logrado calmarse y maullaba fúricamente, tan agarrado como sus garras le permitían, medio mojado, medio espantado, muy estresado por seguro, no hacía más que putearme.
Cuando llegamos a la costa, un soldado me salió a saludar. Primero habló en Alemán, y al ver que no cazaba una, me apuntó con un rifle, y me preguntó de dónde era en inglés. Le mostré la bandera del barco, y bajó el arma. Me llevaron para el fondo. En el fondo, El capitán de un U-boot, por lo que escuchó, me hizo pasar y me ofreció té.
El acento alemán marcado, en un inglés perfecto, me daban la sensación de que mi interlocutor era letrado. 
-Cómo llegó aquí, Señor?
-fue casualidad, estaba viajando en el velero con destino a China, me tocó por sorpresa una tormenta feroz, de la cual Dunkel no tiene muy buenos recuerdos.-
+Dunkel? como la cerveza?
-en efecto, podría convidarme un cigarrillo, capitán? Dunkel es mi gato,. descansa en el barco y lo cuida mientras hacemos sociales.- dije esbozando una sonrisa.
El capitán accedió a darme un cigarrillo y sacó una caja de habanos, cubanos, de excelente hechura y mejor olor, con letras en Ruso. Llevé mi mano al bolsillo y el siguió el movimiento de mi mano con calma pero con atención, presto a sacar la luger en caso de que fuera necesario.
El tic-tac del reloj de bolsillo sobre la mesa se interumpió por el chasquido del encendedor. La luz del fuego brillo en la punta del cigarro del capitán.
-Usted esta ahora en una isla que pertenece al Tercer Reich, cuya ubicación no se encuentra detallada. La tormenta de la que usted se salvó, fue producto de la maquina de hacer nubes. Y yo me llevaré la maquina hoy a la tarde en mi submarino.
Escuché perplejo y sin dar crédito a ninguna palabra de lo que decía.
-Y le digo, que lamento mucho haberlo encontrado aquí, porque ahora, continuando con mis ordenes, deberé matarlo-
Un frió escalofrió subió por la columna y me encrespó los pelos de la nuca. De salvarme de la tormenta, a las manos de un Nazi en menos de 24 hs. No podía desconfiar de mi suerte.
No tenía escapatoria. Muchos soldados afuera. El capitán, no parecía un tipo que dejaba las ordenes sin cumplir.
-en ese caso-dije, tragando saliva- debe concederme un último deseo, como es usted un hombre de honor, espero que cumpla.- con esas palabras lo obligue, o mejor dicho su honor de soldado, lo obligo.
Escuchó atentamente, y estuvo de acuerdo.
Me llevó por varios pasillos, hasta perderme totalmente, y finalmente pude ver, ahí estaba la máquina, gigante, mecánica, sonora, increíble.
Luego de observar, me dijo,
-es la hora.
Salimos del bunker y me llevó hasta un lugar donde me hizo cavar la tumba que ocuparía.
Que ocuparía él, un rato más tarde.

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