No tienen nada, El y la rubia platino. Pero ese día estaba toda divina, con sus piernas de gualicho y su escote XXL.
De hombros amplios y andar sensual, la rubia no derrite el metal, por poco; sus piernas de acero y su sensualidad made in Victoria.
Todo su estilo folklorico, parecía atraer su interés, y que casualidad,
para El, ser tan indio, tan mezcla de tanos, italosureños: calabreses y
napolitanos, de pieles oscuras y corazon latino. Porque parece ser
justo lo que la rubia precisa, un hombre que ame sin medida de tiempo; y
pretende lograrlo hoy, con sus medias negras corridas, sobre sus
piernas blancas como la nieve.
Como parece precipitarse el tiempo, y a su al rededor todo se pone en pausa, para El, cuando Ella pasa.
La
Rubia Platino tiene carrera y tiene destino. Lo lleva cargado como un
pin en la solapa de su saco, ahora, cerca de su pecho. No deja nada en
su camino que no sea insípido, repetido, vulgar, normal, corriente o
desinteresarte.
Y tembló, cuando El le dice que le gusta. Y huiría si le dice que la ama.
Que miedo le provoca el Amor, con sus cachetes de muñeco y su cuerda de marioneta.
El
puede tenerla arrinconada, pero esta perdido en su escote, o en su
sonrisa, o en sus ojos. Ella perdida en el deseo de la parte de atrás de
algún auto, que se mueva a altas velocidades sobre avenidas que solo
dan onda verde al amor, dejándole rienda suelta a la colonización de su
corazon indómito...
Pero eso no paso.
La Rubia Platino piensa, otra quimera, otro naufragio, otras cenizas del paraíso.
El se va sobre sus pasos.
Ninguno tiene idea de lo que se ha perdido.
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