Voy a
medirte de otra forma, voy a pensarte un poco, aprovechando que estás a
un café de distancia. Te encuentro entre 100 o 200 instantes de mañanas
perfectas, mientras el café con crema me tira ese recuerdo de los
caramelos del cine; voy a medir en besos tuyos la distancia hasta
Galvez, Santa Fe, son como 3 mil. Pero digo por calcular, porque cuando
contaba perdí la cuenta y volví a empezar. Varias veces.
Voy a hacer caminar mis dedos hasta tus dedos, que deseo tanto que
estén sobre la mesa. Y voy a buscar tu mano de reflejo, casi por
instinto. Y voy a medir tu regreso, con minutos mortales, con segundos
infernales que me compungieron con tu ausencia, y cuando vuelvas, vas a
encontrarme entre tus brazos y tu pecho, con el corazón hecho un potro
salvaje. Voy a medir los besos con la lengua, con el sol que desprenden
tus ojos, que me nutre de amor, de calor, de alegría. Voy a medirte con
la música de tus labios. Con la regla de mis dedos, ya aprendí a cuanto
esta tu ombligo del paraíso. Y es para mí el camino de los besos.
Válgame, el café ya expiró. Y yo que no puedo medir la distancia ahora, porque te extraño. Y por que estoy falto de tacto. Y al mundo le falta convenciones para medir, lo que siento y lo que se siente. Quizás lo mida con dos dedos de frente.
Válgame, el café ya expiró. Y yo que no puedo medir la distancia ahora, porque te extraño. Y por que estoy falto de tacto. Y al mundo le falta convenciones para medir, lo que siento y lo que se siente. Quizás lo mida con dos dedos de frente.
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