A la hora que la Luna se va a dormir, donde la noche esta tan cerrada
que invita a no compartir el inmenso pensamiento que invade la
conciencia; así se encuentra el antihéroe, en la dicotomía de llamar a
las cinco AM.
Esa llamada desesperada de amor y cariño que de claro
no esta en el actor de la llamada, pero el receptor deja pasar, porque
algo mas podría pasar, puede que ese bien no termine tan mal: se miente.
El
que marca, o escribe, supone la disponibilidad de la 5 am como un dueño
de esclavos, un esclavista que establece las horas según su paladar
sexual.
Y son las cinco. hora de partida del ultimo bar y la clausura
del levante. No le importa, estar a una hora de distancia, ni que tenga
que esperar dos colectivos ni que trabaje a las 10. Va a llegar a las 6
para amarle con todas las energías que le quedan.
Ella sabe. Hay un
punto en que todo se negocia: un baño, mas agua, compañía bajo la ducha.
El desvestirle de la ropa empapada en olor a cigarrillos, alcohol y
otros licores, perfumes que prefiere obviar, para descubrir la piel que
abra de amar las próximas horas.
Con que desagrado se respiran aveces, pero que poco les cuesta olvidarse de las quejas.
Hechos masa, hechos amor bajo las sabanas: ¿a quien le importan el mañana?
¿como
podrían obviar, aunque quisieran, tal magnetismo de la piel, esa
química natural y antinatural a la vez, acompañada de la horrible
sensación de que el amar te hace olvidar por un rato lo que viene
después: el desinterés, esa desazón y pretendido olvido, que no es mas
que cobardía. La osadía de pretender no entender los sentimientos
ajenos.
La espera durara para siempre. Hasta otro día, a las cinco de la mañana, después del ultimo bar, y la clausura del levante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario