jueves, 18 de diciembre de 2014

La clausura del levante

A la hora que la Luna se va a dormir, donde la noche esta tan cerrada que invita a no compartir el inmenso pensamiento que invade la conciencia; así se encuentra el antihéroe, en la dicotomía de llamar a las cinco AM.
Esa llamada desesperada de amor y cariño que de claro no esta en el actor de la llamada, pero el receptor deja pasar, porque algo mas podría pasar, puede que ese bien no termine tan mal: se miente.
El que marca, o escribe, supone la disponibilidad de la 5 am como un dueño de esclavos, un esclavista que establece las horas según su paladar sexual.
Y son las cinco. hora de partida del ultimo bar y la clausura del levante. No le importa, estar a una hora de distancia, ni que tenga que esperar dos colectivos ni que trabaje a las 10. Va a llegar a las 6 para amarle con todas las energías que le quedan.
Ella sabe. Hay un punto en que todo se negocia: un baño, mas agua, compañía bajo la ducha. El desvestirle de la ropa empapada en olor a cigarrillos, alcohol y otros licores, perfumes que prefiere obviar, para descubrir la piel que abra de amar las próximas horas.
Con que desagrado se respiran aveces, pero que poco les cuesta olvidarse de las quejas.
Hechos masa, hechos amor bajo las sabanas: ¿a quien le importan el mañana?
¿como podrían obviar, aunque quisieran, tal magnetismo de la piel, esa química natural y antinatural a la vez, acompañada de la horrible sensación de que el amar te hace olvidar por un rato lo que viene después: el desinterés, esa desazón y pretendido olvido, que no es mas que cobardía. La osadía de pretender no entender los sentimientos ajenos.
La espera durara para siempre. Hasta otro día, a las cinco de la mañana, después del ultimo bar, y la clausura del levante.

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