-Buenas tardes, MM.. EeEM-decía mientras entraba pasando la mano- Dale Pablito, sentate que ya arrancamos!
Bueno,
Buenas tardes!-junta las manos sonoramente- es bueno ver que vinieron
todos hoy, vamos a dar comienzo a la sesión ordinaria de los Corazones
Rotos, Olvidados, Fruncidos y Abandonados; Primero que nada, les
agradezco por haberme renovado en la presidencia una vez mas, les
agradezco lo mas profundo de mi porteño corazon.
Vamos a darle la
bienvenida a los nuevos, el muchacho de campera, sí, sí vos, no te tapes
la cara, qué haces? pibe, vení. Cómo te llamás?
-Ricardo.
-Mentira! se llama Leandro, es mi vecino!-saltó uno de mas al costado.
-Qué paquete que sos Juan, eh! mirá cómo me mandaste al frente!-repliqué con hastío
-No pasa nada Ricardo, qué te aflige, qué te apena?
- La verdad no tengo idea- mintiendo y encogiendo hombros
-Confesalo, te dejó una nami!- dijo Juan otra vez metiendo la cuchara.
-Juan, ya va a llegar tu turno, dejalo hablar!-Dijo mientras yo tragaba saliva.
Me miró con ojos de abuelo y me dijo como un sacerdote:
-No
te hagas drama. Hay hoy una lección para aprender. Te voy a hacer un
regalo: miralos a los ojos cuando te cuenten sus historias. Vos estás
acá para no volver...-Se dirigió entonces al resto y dijo:
-Le damos la Bienvenida a Ricardo.- Y todos respondieron a coro -Bienvenido!-
Después
de eso, fui a buscar las masas que había llevado para la ocasión. Ahí
la señora de Enrique me contó su historia, mientras me hacía un café con
crema, y me decía lo mucho que le gustaban las masas, justo como las
que hacia Enrique. Enrique era panadero. Un amoroso, eterno enamorado
de su mujer. No pudieron tener hijos, que era una paradoja, porque tanto
amor, ese amor de otra galaxia, que me derretía el hielo al verle esos
ojos ajados, sin maquillaje pero con amor desbordante. A Enrique no lo
volvió a ver. Le reventaron la Panadería. Ella siempre está esperando
que vuelva, me decía
- y si no viene él, me voy yo.-
La señora de Enrique, me dejó justo cuando el Doctor se sentó a mi lado.
El
doctor, me contó cómo perdió la habilidad de sentir amor, u odio o
deseo. Su corazón latía y el estaba vivo técnicamente, no encontraba
otro momento de disfrute en su vida salvo cuando estaba operando. Su
corazón, ahora roto, lo trajo al lugar porque ya no puede operar por la
artritis. Él estaba desesperado por no perder al amor de su vida. Sabía
que se moriría pronto, separado de ella. Estaba aterrado, lo pude
sentir mientras lo abrazaba.
En el costado había una mujer coqueta, y
cuando me acerqué a hablar con ella, me dijo, -no tengo ni un poquito
de amor para dar. Con permiso.- Y se fue a fumar afuera. Supuse que era
el referente de la parcialidad Corazones Fruncidos.
Me estaba yendo con timidez, dije:
-hasta luego-.
Y salio el Presidente, dijo:
-vas a volver?
-no creo, creo que mi corazón no esta tan abandonado.
-vas a volver.
-No, en serio, aprendida la lección.-
-Creeme. Todos te vamos a estar esperando. Vas a entrar como Leandro y no como Ricardo.
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