Lejos, de Buenos Aires. 11.063
kilómetros perdido en Monmartre, compartiendo casi todo, con una muñeca
sueca, de una lista larga de pecados, capitales y no tanto, estaba ese
Argentino.
Como todo argentino fuera de Argentina, añoraba un poco su
tierra, ferviente creyente de San Che y Santa Evita, pero resignado al
laburo de medio pelo, sumado a otro peor.
Ese día, yo que andaba con el mate me lo cruzo. El tipo me dice, che si me das un mate te quiero como a mi vieja.
Ahí empezó el viaje a Rusia. ¿Loco no?
Bueno,
yo estaba yendo a Rusia desde que tengo memoria, desde la primera vez
que pensé en viajar. El bochan me dice, Rusia es barato, el vodka y
kaviar bueno, muchas mujeres, mucho desenfreno capitalista. Pensé -Nada
puede ser tan idílico como Rusia- otra vez.
Solo que esta vez no lo
es. Toda la belleza de sus ciudades y sus ciudadanas, es la violencia
que se desato hace no mucho contra la comunidad GLBT.
Esto es un
llamado de atención, un genocidio puede se desate si no hacemos TODO
para impedirlo. Este es mi llamado a que se metan, que sepan del tema,
que se informen.
Por simple sentido de autopreservacion o el mas necesario cinismo u egoísmo, debemos cuidarnos entre todos.
Todos. Son cinco letras. Todos somos muchos. No podemos permanecer indiferentes.
Mirar para el costado no es una opción.
Cuando acaben con esa comunidad, vendrán por los heterosexuales. Por eso, antes que te tumben la puerta,
sin importar que estés a miles de kilómetros, y con quien/es ames, es hora de que nos
cuidemos entre todos.
No hay que olvidarse quien es el verdadero enemigo.
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