Mirame, mirame, estoy detrás de la puerta.
Mirame, mirame, sacame esta sensación de velorio anticipado.
Yo se que no tendrías que llegar todavía, pero me tenes dando vueltas en el salón como un león de circo.
Estoy ansioso.
Ya
va la segunda capa de estomago que se come esta espera y la docena y
media de uvasales pasaron de largo, nada de efectos, ni siquiera
secundarios.
Me estas malversando la paciencia, aunque siempre fui parte de la culpa.
Dele,
apure, que estoy solo hasta las 5 de la mañana; y si no llegas ya se me
desconfigura la noche; saboteadora, como te encanta cambiarme los
planes.
Quien sabe en que arrabales metes gambeta esta noche, y yo
acá, en esta milonga, esperándote como un gil, pero no como los tuyos.
Tus giles.
Yo soy de los que aman. Aman, hasta el astió hasta
soportar que no haya nada que soportar de vos, porque el dolor de
esperar, desaparece al verte correr, en tus zapatitos de bailar...
-Mirame, mirame, y Cenicienta, dame un beso.
-si queres un beso, pagame una caña.
-pedite la botella.
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