Todavía me acuerdo de su perfume. Me acuerdo perfectamente de cada
detalle de ese cumpleaños que esperaba ilusamente pasar desapercibido
después de llevar el ramo de rosas mas grande que pude cargar. Eran
rosas escarlata, y me hubiera encantado ir hasta el campo a elegirlas yo
mismo, pero, me acuerdo la ansiedad me ganaba. Iba a conocer a sus
viejos, su familia, todos ahí y yo, que no sabia que carajo iba a
pasar.
Me acuerdo de la frase estúpida que escribí con mucho cariño
en la pequeña hoja de papel que se parece a las tarjetas personales: Si
me quedo sin palabras, que estas rosas hablen por mi. Lo que realmente
debía decir es: si ves que me quedo callado, es porque sucumbí a la
presión social del momento.
Me acuerdo exactamente de esa cicatriz
cerca de su boca. Adoro esa cicatriz, y me acuerdo con lujos de detalle
la historia de como paso. Le imagine tantas veces que creo que hasta
viví el momento, un día que la extrañaba mucho.
Es vivido el recuerdo
de su mano, así como el resto de su cuerpo desnudo. Vivido el recuerdo
de esos besos inmortales, y esa envidia que causábamos, esos “mucho
queso para ese salame”, esos “viva la ley del embudo”al vernos pasar, y
otros tantos “apriete que no se abolla”, “chicos, esto es la via
publica”, por no dejar afuera esos “bueno... soltandoooo” de su mamá.
Era
tan lindo como los domingos de fiaca en la hamaca paraguaya; me acuerdo
tanto, que puedo cerrar los ojos y verle ahí. Con su hermoso cabello
lleno de ondas y colgando haciendo las delicias de mi gato.
¡Me
acuerdo! si, de cuando anidaba en mi pecho, y me miraba con esos ojos
miel y amor, a veces mas verdes, a veces mas grises, y se pasaba el
tiempo en silenciosa compañía, o en ruidoso y convulsionado tumulto de
telas y seres que aman.
No me olvido de su silueta, esta ahí en la
luna cada vez que la veo. Me acuerdo de sus frases, de su risa, de su
chispa,¡ de todo me acuerdo!, y cambiaría todo este compendio de
recuerdos, quizás, por un ratito mas de ella.
Un poquito mas, unos 5 minutos, para convencerla de que se quede para siempre, mientras preparo el mate.
Me
acuerdo de que prometí no volverla a ver...y acá estoy viéndola todos
los días en mi cabeza, acordándome de ella. Es que me olvido de
olvidarla, ¡de eso me olvido! y por eso mismo, dicen que tengo memoria
selectiva.
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