No te quiero desear felicidad eterna, lo mejor de lo mejor, ni ninguna de esas cosas que suenan bien pero no pasan nunca.
Te voy a desear que te olvides el celular cada vez que estés con alguien importante; o directamente, más de seguido.
Que dejes de vivir los recitales a través de tu cámara de fotos y saltes y bailes cada vez que escuches música.
Que te olvides de la hora cuando hagas el amor.
Que te roben besos en las paradas de colectivo.
Que te acuerdes de la bicicleta y que te hagas feliz subiéndote cada tanto.
Que no te olvides de tus raíces, Que no nos olvidemos de nosotros. Que no nos olvidemos.
Que tengas memoria de lo que te paso, que reflexiones sobre tu vida a cada rato.
Deseo
de corazón que vayas haciendo y corrigiendo tu camino a tu gusto, que
da la casualidad es paralelo al mío en tiempo, pero no en destino.
Deseo
que el cambio no te llegue por obligación un primero de enero (como la
dieta de los lunes), sino que te sientas en la necesidad de cambiar en
tu propio tiempo. Todos cambiamos. Todos mutamos.
Deseo sobre todo que te equivoques, porque eso significa que hiciste algo y además aprendiste.
Deseo
que aciertes, así seguís enroscado en esta vida sabiendo que las
suertes se tuercen, los vientos cambian y el mundo sigue andando.
Deseo
también, que nos sigamos apasionando, que nos sigamos peleando y
queriéndonos como siempre, porque para eso estamos, para eso somos, por
eso sentimos.
Feliz abundancia, feliz navidad, feliz lo que sea.
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