Yo era el mas peligroso en ese momento. Simplemente porque ya no me
quedaba nada por perder. Perderla a ella en una partida de poker, me
habia cambiado para siempre.
Estaba asqueado. El aire pútrido de la
ciudad me dejaba sin aliento cada vez que salia de mi casa, y cada vez
que volvía, no era alivio sino bronca lo que encontraba.
Bronca de
haberme logrado esa vida dan miserable, tan apocopada, sin matices,
plana y superflua que solo la timba sacaba. Me sacaba. Ella sin embargo
me rescataba del momento miserable de ser un preso de esa adicción que
no conocía limites.
La amaba. La amo. Pero ella no entiende que lo
mio es involuntario. No la merezco, lo se. Pero la quiero. La quiero
para mi unicamente, aunque tenga que compartirla. Pero ella no me da la
adrenalina de tener un poker entre los dedos, ni sabe lo que es secarse
en una timba, y armarse, para volverse a meter, y salir vencedor, en esa
contienda.
¿Donde?
Si siempre su estrella me ha visto perdedor,
arrastrado, y mas de una vez tirado sobre el callejón, roto, quebrado,
sin un mango y enamorado, diciendole que siempre la he querido y nunca
la he abandonado. Yo se que soy el mas peligroso en este momento, yo se
que la he perdido y se que no la he olvidado.
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