Hay un ejercito de botellas de champagne a los pies de mi cama. En fila,
casi tomando distancia equidistante, testigos presenciales de los
excesos del placer de la carne. Vos, tu vestido que tiene todas las
flores de la primavera y alguna que otra mas; vos y tus tatuajes que se
entreveran entre las sabanas lisas, dejando un camino de tinta sobre el
blanco de tu piel que se confunde apenas, con las pálidas sabanas de 180
hilos. Si no sos también la luz que entra por la ventana, sinceramente,
creo que te estoy imaginando: estas desnudita y lista para el amor,
recitandome palabras de Chomsky al oído.
Entre besos, me invitas a
unirme al lado oscuro, cuando ya me habías dado nombre de soldado. Listo
para matarte a besos, para atrincherarme con vos en este hotel de
mierda a falta de un palacete con agua caliente y aire acondicionado.
Un
ejercito de botellas de champange nos embriaga, nos embarga la fortuna
mal habida, bien gastada en beber cerveza de nuestros cuerpos, para
pegotearnos de amor y birra y dejar todo hecho un lio.
Botellas
vacías, que si hablaran serian testigos claves, a los cuales buscaríamos
un vitricida para ajusticiar. De lo nuestro nada que denunciar, o
anunciar, asi lo querías vos; yo, nunca presto tanta atención a esos
detalles.
Mucha cerveza, poca hidratación, vos y yo en un balcón,
mucho amor y motivación, y todo el cielo de estrellas brillantes que no
pueden opacar la miel de tu ser. Pienso que es genial que se nos dio la
pasión, aunque hoy sea mas bien un callejón sin salida.
Mozo, Esta la anota en la cuenta de las noches perdidas.
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